sábado, 9 de enero de 2010

Suspiro

Recorrí tu piel, tu tersa y cadenciosa espalda con la fuerza suficiente para disimular el temblor de mis manos. Mis dedos disfrutaban lentamente el acontecimiento nuevo de tu piel, mientras yo temblaba con la dulce sensación del deseo incontenible. Sin proponérmelo, como el agua se apropia de la orilla, mis brazos se adueñaban lentamente de tu sinuosa cintura. Entonces, en un felino movimiento de mujer, sentí el peso de tu cuerpo sobre mí, la turgencia de tus senos contra mi pecho, tus rizos danzantes sobre mi rostro enamorado y el aroma embriagador de tu cuello, justo cuando mis dedos, por sí solos, palpaban el tibio calor de tu entrepiernas, la excitación húmeda que brotaba desde tus profundidades... Te toqué y te sentí deseosa, jadeante, caliente... por sobre tu espalda, mis dedos gozaban de tu cuello, tu piel, tu cintura y el soberbio milagro de tu carne, y llegaban casi por hechizo hasta el manantial ardiente de tu sexo... te toqué, vibraste, se estremeció tu cuerpo y una frase de amor irreproducible huyó de ti en un suspiro.

lunes, 4 de enero de 2010

Cartagua po’ xoro



Instrucciones

1) Cuando el agua está wena, se dice “¡ehalé!”, con un tonema de cadencia ascendente; si no, basta con un “Shaaa” prolongado y con la mandíbula inferior bien estirada.
2) Si es moreno, debe teñirse rojo furioso o amarillo blondon (el “si” condicional es inútil, porque seguramente es moreno).
3) Si tiene un hijo guagua, no olvide tatuarse el rostro del bebé en la espalda, a la altura de los omóplatos, con tinta entre azul borroso y verde caca. Si no tiene hijos, nimporta, no faltará el sobrino regalón: cualquier excusa sirve para andar a la moda.
4) Si es inválido y anda con muletas, si anda con puros calzoncillos, si anda con el tom... indispuesta, si está medio cocío… si anda como sea, báñese no más, está en la playa

y la playa es pa bañarse po xorizo y ke pá!

De Cartagena con amor

Me trae recuerdos nostálgicos, con olores tibios e imágenes en blanco y negro. Veraneos de esos que quedan en la pupila, en una edad en la que todo es fantavilloso, obvio, así son las vacaciones. Y a medida que avanza el paisaje, el barco a la orilla de la calle era menos imponente de lo que recordaba, y las dunas no eran tan grandes. Pero todo está empapado de ese encanto que se cuela desde la niñez…

Imposible no mirarlo todo con los mismos ojos de uva de aquél entonces.